Entrevista a iaia Toneta

Entrevista a iaia Toneta

Catalina de Erauso | Entrevista a iaia Toneta

Preséntate en 10 líneas

 Es difícil presentarse una misma porque siempre tiendes a exagerar las cosas positivas y intentar ocultar aquellas que no te gustan tanto de tu persona, ¿verdad? Por eso solo diré la verdad, y es que soy una persona muy creativa y divertida, capaz de ver en los acontecimientos de la actualidad aquello que a la mayoría se le escapa y hacer, de este modo, algún chiste o montaje para arrancar una sonrisa a mis casi 65.000 seguidores que tengo en el twitter, que se dice rápido, pero me ha costado más de seis años de trabajo reunirlos a todos. Aparte, diré que soy una anciana entre los noventa y los cien, de Igualada de toda la vida, y como ya las he vivido de todos los colores, ahora solo me queda luchar para que los cuatro días mal contados que me deben quedar sean en un mundo mejor y más justo, que bastante faena tenemos.

 El machismo en tiempos de Franco

  1. ¿Hablabas de sexo en la época de Franco con tus amigas? ¿De qué manera? ¿Qué función cumplía el chiste verde? ¿Cómo comprabas la píldora o condones? Cuéntanos un chiste verde de las mujeres de la época.

¡Claro, claro! Mientras Franco vivía, la gente, aunque no lo parezca, también se reproducía. Y con las amigas nos contábamos intimidades, siempre de forma muy discreta, más por miedo a que no se enterará el cura de la parroquia que por si llegaba a oídos de nuestros maridos. No usábamos píldoras ni nada, solo un padre nuestro para que no me quedara embarazada. Los chistes verdes servían para lanzar indirectas, para dejar mal al marido delante de los invitados sin que él se enterara. Ahora, me tendréis que perdonar, pero no me viene ninguno a la cabeza.

  1. ¿Habías oído de casos de empleadas de hogar internas violadas por sus amos o por los hijos de sus amos? ¿Cuál era el ambiente entre las mujeres cuando se conocían casos así?

Sí, toda la vida se ha oído hablar de casos como estos. De hecho, hay una canción popular catalana que dice “El señor Ramón persigue a las criadas, el señor Ramón persigue a todo el mundo. Cuando se van a la cama, tururut tururut, quien gime ya ha recibido” y viene de el señor de la casa que por la noche hacía visitas a las camas de las criadas, y si alguna se emocionaba demasiado… Ya me entendéis. Pues la verdad es que entre las mujeres había poca comprensión, entonces. No existía aun el movimiento de solidaridad que hay hoy, el “Si tocan a una, nos tocan a todas”. Si conocías alguna pobre a la que le pasaba esto, lamentabas su desdicha y poca cosa más.

  1. Visto desde ahora, ¿qué opinas sobre las conversaciones que había sobre la longitud de las faldas rodilla abajo o rodilla arriba?

Bueno, también es mala suerte que a medida que se me han ido estropeando las piernas por la edad, se hayan puesto de moda faldas más cortas para poderlas lucir. Al principio, las que más criticaban las chicas con falda más corta, y no hablamos aún de la minifalda, eran las otras mujeres. Un modo de envidia comprensible de las que no se atrevían aun a mostrar su cuerpo y, de paso su libertad, hacia las que sí osaban desafiar el patriarcado y las normas más conservadoras del momento.

Las libertades en la transición

  1. ¿Qué recuerdos tienes de cuando legalizaron el top-less en las playas? ¿Qué recuerdos tienes sobre los hombres cuando apareció la primera mujer top-less en la playa?

Recuerdo sobre todo las ganas de ir a la playa que tenía mi marido, que hasta el momento nunca había sido de remojarse los pies en el mar. Fue una revolución y empezó sobre todo con chicas extranjeras que venían aquí solo para freírse en nuestras playas. Los hombres iban como locos para tomar las mejores posiciones y tener buenas vistas. A más de uno le cogió una insolación por quedarse embobado mirando los pechos a alguna sueca. Si preguntáis por mí, yo nunca he practicado top-less: la moda me cogió con mis atributos a la baja, nunca mejor dicho.

  1. ¿Te acuerdas de cuando se pudo votar la Constitución aquel 6 de diciembre de 1978? ¿Cómo se vivía en Catalunya las semanas anteriores a aquella fecha? ¿De qué hablaba la gente?

¿Sabéis que ahora, cuando hay elecciones, se dice lo de la fiesta de la democracia? Nada… Eso sí que fue una fiesta de la democracia. La gente tenía ganas de poder votar, de dar su opinión, de expresar sus sentimientos, durante tantos años menospreciados y amenazados por la dictadura. Se hablaba de construir por fin una sociedad libre, que pudiera hablar de lo que quería: de la lengua, de la escuela, de la restitución de la Generalitat… “Llibertat, amnistía i estatut d’autonomia”, se pedía. Sin embargo, mezclado con esas sensaciones, había también un miedo a que el régimen pudiera seguir de algún modo. Claro, en Catalunya se temía que en otras partes del estado hubiera gente que quisiera mantener en cierto modo el status quo que existía.

  1. ¿Por qué solían aporrear los grises en la época?

Esta es fácil. Por casi todo. Cualquier sospecha que tenían se convertía en motivo de persecución: reuniones clandestinas, lucha por los derechos laborales… Es triste, pero parece que un poco hemos vuelto a esa época y que, ahora, por cualquier sospecha, puedes tener un problema. Ah, ¡y no se te ocurra llevarles la contraria a las fuerzas del estado, que su palabra tiene más valor que la tuya! En fin…

  1. ¿Cómo viviste el 23F? ¿Era la gente después de este incidente más cuidadosa a la hora de hablar sobre determinados temas?

El 23F de febrero se vivió con miedo, con miedo a que el pasado volviera a España y se quedara una temporada más. ¡Y muchos ya habíamos tenido suficiente con los años de franquismo! Y no creo que la gente, por lo menos los de mi entorno, cambiaran su manera de hablar sobre algunos temas. Se quedó en un susto, vaya. Un susto gordo cuando vimos por la tele los disparos en el congreso y los tanques por las calles de Valencia, pero un susto.

La democracia monárquica

  1. Cuando Franco le pasó cargo, inmunidad e impunidad al rey, ¿pensaste que era el mal menor o intuiste que lo único que cambiaría sería el discurso?

Al principio tuvimos esperanza de ver muchas cosas cambiar con ese cambio. Además, el rey, el campechano, caía bien a la gente y eso ayudaba a tener la sensación de vivir una transición de verdad. Y con la creación de un gobierno y un presidente y todos esos ministros votados democráticamente, el rey quedaba en un segundo plano y parecía que ya no mandaba como mandaba Franco, que ese sí que mandaba. Sin embargo, una que es republicana, ya intuyó que era un relevo más bien de cara a la galería, así que tocó estar atentos a los acontecimientos para ver por dónde iban los tiros.

  1. ¿Cómo recuerdas al Conde de Barcelona cuando se supo que no sería el sucesor de Franco? ¿Hablaba la gente de don Juan y de su hijo Juan Carlos? ¿Qué se comentaba?

Hubo sorpresa en el hecho que se saltarán a Juan de la lista sucesoria, pero creo que Franco vio en Juan Carlos alguien más dócil y más manejable en el sentido que tenía tiempo aún para enseñarle cómo manejar los hilos, aunque ya estuvieran atados y bien atados, y seguir con la idea de España que Franco tenía. De todos modos, no sabemos lo que habría pasado si Carrero Blanco no hubiera sido asesinado, porque se comentaba que era él el que estaba destinado a seguir con la dirección del estado.

  1. Todavía no sabemos quiénes movían los hilos del 23F porque son secretos de estado. A tu edad, ya puedes decir lo que te dé la gana sin que aparezca la policía a detenerte. ¿Qué es lo que supones que pasó?

Bueno, mi teoría es que la figura del rey necesitaba un empujoncito para que la sociedad acabara de creer en su persona y en sus funciones, porqué más allá de aparecer en las revistas del corazón de la época, ese señor era jefe del estado y del ejército. Así que buscaron un cabeza de turco que lo diera todo por la patria, que echará unos cuantos disparos al techo del congreso –que aún están y si vas de visita te los enseñan– y que sacrificara unos años de su vida en la cárcel para aupar la figura del rey, que esa noche apareció en todos nuestros televisores como un héroe de película americana, sin despeinarse y parando un golpe de estado. Cuidado, ya lo he dicho antes: es mi teoría.

Después de trabajar toda la vida

  1. Seguro que has trabajado toda la vida y has pagado para la caja de las pensiones. ¿Qué opinas sobre el estado actual de tu pensión?

En realidad, no he trabajado toda mi vida, pero mi marido sí, cotizando y cotizando que algún día de estos le pondrán su nombre a un hospital, porque seguro que lo habrá pagado él solito con las retenciones que ha tenido. Y ahora, cada mes tenemos que vigilar los gastos porque si no nos cuesta llegar a todo. Es una vergüenza cómo está el tema de las pensiones, y lo poco que suben, si es que suben. Yo le hago una broma a mi marido: Será la edad, que te sube poco la pensión, y te sube poco otra cosa. ¡Y suerte que no nos hemos pillado los dedos con la preferentes y estas porquerías que los bancos querían vendernos!

  1. En tu juventud entrabas en una empresa y salías jubilado. Ahora ya no es así. ¿Fue tu juventud mejor que la juventud ahora?

Esta es una de las preguntas más difíciles de responder. Cada época tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Cierto es que los trabajos duraban más, y que en la misma empresa donde te contrataban a los dieciséis años te enseñaban el oficio, y eso ya era para toda la vida. Pero ahora, los jóvenes estudian y estudian, y después no encuentran trabajo de lo suyo y tienen que dedicarse a servir mesas en una terraza de bar. Además, los jóvenes de ahora, son muy inquietos, y necesitan cambiar de trabajo periódicamente por culpa del estrés, la rutina y no sé cuantas cosas más que antes ya existían pero nos las callábamos, porque necesitábamos el dinero para comer y ahora se lo gastan en una cuenta de Netflix. En fin, también lo tengo que reconocer: ¡si a día de hoy fuera joven… otro gallo cantaría!

  1. La juventud de hoy está muy preparada, pero en las bancadas de parlamentarios vemos a muchísimas medianías sin estudios ni conocimientos de nada. ¿Cómo explicas esto?

Hombre, ¡los que son listos y saben lo que quieren y no se meten a políticos! Solo algunos con vocación real, con ganas de ayudar a la ciudadanía, se meten en partidos, pero es desde las bases y van subiendo a medida que van creándose una carrera. Muchos otros se meten en política por la popularidad, por el dinero, por las ganas de poder, o por la colocación en una empresa buena el día que dejen el escaño. Además, estos acostumbran a ser ya de familia que conoce el tema, así que suben en el partido más rápido gracias a enchufes, contactos y algún máster inventado. Ya hace bien, ya, la juventud preparada y con estudios de no meterse en política, y de buscarse una buena empresa donde paguen bien y puedan vivir tranquilos.

Pregunta íntima

  1. ¿Qué opinas sobre la moda de ponerse morritos de silicona y meterse bótox en las arrugas?

¡Horroroso! La vejez se debe tomar con orgullo y decencia, no intentando parecer lo que no se es, porque encima todas esas operaciones, o la mayoría, no se salen como se espera y el resultado es ridículo. A veces, algunas de estas personas que se han puesto silicona, no pueden mover los músculos de la cara y parece que se pasan el rato riendo. ¡Horroroso, repito! El otro día, en un entierro, había una mujer así y no veáis el mal efecto que hacía su sonrisa permanente durante la despedida al difunto.